Qué habría pasado si aquel 7 de junio de 1926, en la Gran Vía de Barcelona entre las calles de Girona y Bailén, Antoni Gaudí hubiera acelerado el paso o si el tranvía hubiera frenado a tiempo? No ocurrió nada de eso y el genio de barba blanca y carácter de rayos (“lo he conseguido todo en la vida menos una cosa: dominar mi mal genio”), que como cada tarde y como buen soldado de Dios se dirigía a expiar pecados a la iglesia de Sant Felip Neri, fue atropellado. Murió tres días más tarde. Tenía 73 años. Barcelona se echó a la calle para despedir sus restos, que fueron enterrados en la cripta de la Sagrada Familia, la basílica imposible que nació de su mente y de sus manos y a la que dedicó 43 años de su vida. Doce de ellos en exclusiva y, los últimos ocho meses, viviendo de forma permanente en el taller que se hizo construir en el templo.
Fonte: https://elpais.com/eps/2026-05-31/el-viaje-eterno-de-la-sagrada-familia.html