Hasina tiene 12 años y cara de susto delante de la cámara. Son muchos adultos alrededor, haciéndole preguntas raras sobre cómo se siente o qué quiere ser de mayor. Estamos en un camino muy modestamente empedrado en mitad del campamento de refugiados más grande del mundo, en el sur de Bangladés, donde viven cerca de 1,2 millones de personas de la etnia musulmana de los rohinyás, huidos de la persecución que sufren en su país, Myanmar. Y este campamento, aparte de otras muchas cosas, tiene ojos y oídos por todas partes, así que, si algo de lo que dice le molesta a alguien, ese alguien se acabará enterando más pronto que tarde. Pero Hasina va contestando, a pesar de todo, con un hilo de voz. Tal vez empujada por esa convicción más o menos difusa, tan extendida aquí entre los refugiados, de que solo la concienciación internacional puede sacarles de este limbo en el que viven, aplastados entre el país que los expulsó, que les llegó a infligir una auténtica limpieza étnica hace ocho años, y el que los recibió, que no sabe muy bien qué hacer con ellos.
Texto:
J. A. Aunión
Fotografía:
Samuel Sánchez
Vídeo
Álvaro Rodríguez de la Rúa
Intérprete:
Mohhamed Salimk
Diseño:
Ruth Benito
Desarrollo:
Alejandro Gallardo
Con la colaboración de
Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
Fonte: https://elpais.com/eps/2025-08-24/el-exilio-interminable-de-los-rohinyas.html